ADOLF HITLER.

Adolf Hitler nació en el año 1.889. Era hijo de un modesto funcionario de aduanas austriaco. Al comenzar la Primera Guerra Mundial, quiso alistarse voluntario en el ejército de Austria, pero fue rechazado a causa de un defecto físico. Fue aceptado, en cambio, por el ejército alemán, que le destinó a la zona occidental en calidad de cabo y enlace. Sus superiores consideraban que "aunque valeroso, carecía de dotes de mando".
Al finalizar la guerra, Hitler estaba internado en un hospital donde se reponía de los efectos de un ataque con gases asfixiantes. Poco tiempo después, se incorporó a uno de los pequeños grupos políticos que estaban en contra del nuevo gobierno y de las ideas avanzadas que se extendían por toda Europa tras el triunfo de la Revolución rusa. Su partido, el Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei (N.S.D.A.P.), Partido Obrero Alemán Nacional Socialista, fue fundado en el año 1.919.
Hitler fue su séptimo miembro, aunque después se iba a convertir en uno de sus líderes más destacados gracias a sus dotes oratorias. En aquellos tiempos, tras la derrota en la I Guerra Mundial, Alemania estaba llena de militares desilusionados que rechazaban el desarme impuesto por los vencedores del conflicto.
Hitler consiguió bien pronto el apoyo de algunos de ellos, como Göering y Röhm, y juntos dedicaron sus esfuerzos a formar unas secciones de combate privadas del Partido, las S.S. y S.A., que utilizaban la violencia contra quienes no simpatizaban con el movimiento nacionalsocialista (nazi).
Después del fracaso del putsch de Bürgerbräu en 1.923, primera tentativa para la conquista del poder, que le costó ir a prisión, Hitler se esforzó en utilizar las posibilidades que ofrecían las instituciones parlamentarias.
Precisamente en su celda, en la prisión de Landsberg, escribió Mein Kampf (Mi Lucha), libro que se convirtiera en el ideario político y racial del pueblo alemán. En él que expone sus ideas y teorías políticas, raciales y económicas aderezadas con un apasionado esbozo biográfico. En Mein Kampf no falta la visión de un "Nuevo Orden" mundial bajo la égida aria y nacionalsocialista, con la promesa de un milenio de prosperidad y gloria para el III Reich.
A partir de 1.928, los efectivos del partido aumentaron rápidamente. Obtuvo 810.000 votos en las elecciones generales de 1.928. La terrible depresión económica que afectó a los países occidentales en el año 1.929, tras el crack de la Bolsa de Nueva York, ayudó a Hitler a obtener nuevos logros políticos. El N.S.A.D.P. obtuvo 6.400.000 votos en las elecciones generales de 1.930.
Recorrió toda Alemania, que registraba la mayor tasa de paro de su historia, predicando su mensaje de una Gran Alemania renacida, y con su voz penetrante, convenció a muchos sobre el futuro del nacionalsocialismo, haciendo una delirante propaganda contra el comunismo y la democracia parlamentaria. En el año 1.932, el N.S.D.A.P. era ya el más importante de Alemania, aunque no obtuvo la mayoría absoluta en las elecciones.
La complicidad de los grupos conservadores le abrió el camino del poder. Llamado a la cancillería, en 1.933, por el presidente Hindenburg, Hitler liquidó la democracia, prohibió todos los partidos a excepción del nazi, y más tarde reforzó su posición personal haciendo ejecutar a los que se le oponían en el seno de su propio partido.
A la muerte de Hindenburg, y gracias a la confusión reinante entre los otros grupos políticos del país, Hitler consiguió ser nombrado canciller el 30 de enero de 1.933, desempeñando al mismo tiempo las funciones de canciller y de presidente. Hitler se proclamó a partir de entonces en el Führer (caudillo) de Alemania. Una vez en el poder, no tardó en transformar la joven democracia alemana en un Estado totalitario.
La política exterior de Hitler condujo inevitablemente a la Segunda Guerra Mundial, en la que asumió personalmente el mando del Ejército alemán. La derrota final le sorprendería en el subterráneo de la Cancillería, en Berlín. Cuando tuvo noticias de la llegada del ejército soviético a la ciudad, Hitler, decidió suicidarse. Era el 30 de abril de 1.945.
La ideología nacionalsocialista, muy parecida al fascismo, se caracterizó por el anti-intelectualismo y la entronización de mitos, elaborados y mantenidos conscientemente, como el de la vocación de los pueblos germánicos a la dominación universal en virtud de su superioridad racial. Esto justificaba, según sus postulados, la violencia, la guerra y el genocidio, principalmente en el caso de los judíos y gitanos cuya exterminación total intentaron los nazis.